3+2 igual a ¿progreso?
Raquel F. Valdivia
Aclárense
Piden cambios y protestan por cambios.
Somos la pescadilla que se come la cola.
Y en la cola estamos, no en la de deportes,
ni en la del buen tiempo, sino en la del
pilar del desarrollo y en la que simboliza,
en gran parte, la inversión en capital
humano: La educación. España, a pesar de
sus intentos por alcanzar a sus vecinos
cuantificando la educación- aumentaron
los años de formación-, continúa en el
mismo vagón en el que yacía hace 50 años.
Y es que, cuando España estableció el Plan
Bolonia, optó por la opción del 4+1
(Grados de cuatro años de 250 créditos
y Másteres de 60), a diferencia de la mayor
parte de países de la UE, que implantaron
el aquí avasallado 3+2 (Grados de 3 años
de 180 créditos y Másteres de 120). Con esta
reforma se pretende facilitar la homologación
de los grados europeos. Este factor sería
positivo por partida doble, ya que por un lado
nuestros jóvenes ampliarán su mercado laboral
y, por el otro, se contribuirá a la internacionalización
de las universidades españolas, ya que estamos
dentro de los 11 países con un mayor alumnado
extranjero. El caso es, que cuando se quiere
avanzar, las cuerdas de los que se denominan
“progres” se enrollan al cuello del progreso.
Y así estamos, con el culo al aire frente a las
potencias que no tienen miedo a los cambios,
pero a los cambios que conducen al futuro
y no al pasado, que acercan a la prosperidad
popular y no a la pobreza. Y justo eso necesita
España. Podemos, pero no seamos necios.

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