domingo, 21 de junio de 2015

Las heridas de una enfermería sin puntos

Comparten la pasión por su trabajo, el entusiasmo, la fuerza y especialmente el sueño de  volver a España con un trabajo estable. Patricia, Álvaro, Jacinto, Jose Luís y Raquel son 5 de los 5.000 enfermeros que, según fuentes del Consejo General de Enfermería, se han visto empujados a buscar empleo en el extranjero en los últimos 5 años. ¿Los principales culpables? La bajada de contrataciones y la imposición de tasas restrictivas de reposición de efectivos para el Estado.

Jose A. Rodríguez Varela

Raquel Fernández Valdivia. La enfermería, con aproximadamente 10000 desempleados en nuestro país, se convierte en el sector sanitario con un mayor número de parados según los datos del Servicio Público de Empleo Estatal. Esto se debe, principalmente, a que es la ocupación sanitaria que cuenta con más trabajadores. Además, el Sindicato de Enfermería (SATSE), ha señalado que “las comunidades autónomas no son capaces de absorber la oferta de profesionales, por la escasa demanda de contrataciones, mientras que los países de nuestro entorno buscan en España a unos profesionales que no solo reúnen buena preparación, sino que desempeñan una práctica profesional que supera, en muchos casos, las expectativas de esos países”. Ante este arduo panorama, cientos de enfermeros españoles deciden emigrar.


De tal modo, el Consejo General de Enfermería (CGE), registró el pasado año 399 solicitudes para Reino Unido, 189 para Alemania y 173 para Francia.
La enfermería es el sector sanitario con un mayor número de parados
 “Cuando empezamos a estudiar enfermería nos prometían muchos puestos de trabajo y salidas laborales. Sin embargo, con el paso de los años nos dimos cuenta de que el sistema iba recortando puestos y personal sanitario, hasta tal punto de que cuando acabamos la carrera no había prácticamente ninguna posibilidad de encontrar trabajo dentro de España”. Este es el testimonio de Patricia Tejada,  una granadina de 23 años que lleva año y medio trabajando en el John RadcliffeHospital, en Oxford. Allí dice haber gente de todas partes del mundo, “en el área general en la que yo trabajaba podría haber un 20% de ingleses frente a un 80% de españoles, portugueses, filipinos e italianos. No obstante, el número de ingleses es mayor en las áreas que requieren especialización”. Patricia empezó en medicina interna y después de un año decidió cambiarse al área de cuidados intensivos (UCI). Para esto, tuvo que pasar una entrevista y unos exámenes. Sin embargo, a diferencia de en España, allí te pagan la formación especializada, “es como un máster pero pagado por el propio hospital”, añade. En el mismo centro hospitalario trabaja su pareja y compañero de carrera, Álvaro Masegosa, el cual optó por la misma salida al terminar su formación. Según él, “lo peor es el sistema de puntos español, ya que este le da preferencia a las personas con experiencia laboral, que es precisamente lo que nos falta a nosotros”. Álvaro reconoce que al llegar allí se sintieron limitados respecto al trabajo que los enfermeros llevan a cabo en España, aunque coincide con Patricia y apunta que “todas estas limitaciones técnicas se ven compensadas por la formación gratuita que te ofrecen para poder tener unas competencias más específicas que en España son más difíciles de recibir”. En la misma ciudad reside otro de sus compañeros de carrera, Jacinto Martínez. Éste empezó viviendo en la residencia que le ofrecía el hospital, actualmente vive con otros cinco españoles en una casa por la que pagan 2000 libras al mes. “Uno de los aspectos más negativos de vivir aquí es el alto precio de la vivienda”, indica. Patricia y Álvaro también recuerdan sus primeras semanas en Oxford como una frustración extrema, “al llegar todo fue cuesta arriba, el cambio de cultura, de horarios, la comida, la gente… Al principio todo es muy difícil. Sin embargo, sabes que te tienes que quedar porque si vuelves a España no vas a tener posibilidad de trabajar, tienes como unas cadenas invisibles que te atan”.
“Al principio todo es muy difícil, deseas volver pero tienes como unas cadenas invisibles que te atan”
Durante las primeras dos o tres semanas de trabajo en Inglaterra, los enfermeros no tienen poder de decisión y están tutelados por una enfermera que controla su adaptación a planta. Pasado este tiempo, y los seis meses establecidos como “de prueba”, contarán con una plaza fija y un suelo medio de aproximadamente 21000 libras al año (casi 30000 euros), que variará según las horas extras o las especialidades en las que te formes.
Ante la idea de volver a España lo tienen muy claro. “No pensamos volver para trabajar cada mes en un sitio diferente o tirarnos varios meses sin empleo, si lo hacemos sería con un contrato indefinido que nos dé cierta estabilidad”, concluyen.
La experiencia de los enfermeros en Reino Unido es muy similar a la que viven los que optan por Francia o Alemania. El principal inconveniente con el que se encuentran estos, además de las primeras dificultades del idioma, es que a menudo las competencias que les encomiendan se acercan más a las del personal auxiliar que a las que les correspondes y para las que tan bien han sido formados. Esta inigualable formación, que convierte a los enfermeros españoles en auténticos manitas capaces de trabajar en cualquier área del hospital, es el principal motivo de la gran reputación que tienen estos en el resto del mundo.
Francia es otro de los destinos más demandados por los enfermeros españoles. Aquí llegó hace dos años José Luis Sánchez, quién desde entonces ejerce de enfermero en una unidad de psiquiatría geriátrica.
“Me vine a Francia porque mi situación laboral no tenía futuro y sin embargo aquí tenía las referencias de mi novia y de varios amigos cuya experiencia estaba siendo muy buena”, comenta. No obstante, añade que “las cosas en Francia están cambiando, antes se contrataba mucho más porque había muchas más necesidades que ahora. Actualmente, hay zonas en las que ha aumentado el  número de enfermeros nativos y cada vez es más complicado encontrar un puesto de trabajo”.
Una de las principales diferencias entre los hospitales españoles y los franceses, es que estos últimos tienen una mayor capacidad económica. Esto se debe a que son ellos los que deciden cuando contratan o cuando no, además, allí la seguridad social sólo cubre el 70%, el otro 30% corre a cargo de las personas beneficiadas por sus servicios. 
Al igual que para muchos jóvenes, para Jose Luís, la decisión de emigrar al extranjero  ha sido una de las más difíciles que ha tomado en su vida. Pero él asegura que ha merecido la pena ya que “se crece mucho como profesional al aprender de dos culturas y sistemas de trabajo diferentes, además, irte fuera te hace crecer mucho como persona, es un viaje que te cambia profundamente”. 
La estabilidad que las empresas extranjeras ofrecen se convierte en el principal motivo de la emigración del sector. Por ello, personas como Jose Luís, que ya se han adaptado al país que le ha ofrecido todo lo que España ha sido incapaz de concederles, no aseguran su vuelta a España una vez que la situación mejore.  “Veo lejos el momento de volver a España, por el momento seguiré aquí sumando puntación para poder optar en un futuro a contratos de larga duración allí. Llegados a ese punto ya nos plantearemos si volvernos o quedarnos aquí”, explica.
“Te ofrecen muchas facilidades porque necesitan urgentemente enfermeros
Alemania, que cautiva a los enfermeros sin oportunidad laboral en España con considerables sueldos y mejores condiciones, se convierte en otro de los países que más profesionales españoles recibe.
En la mayoría de los casos, los jóvenes talentos no abandonan su país natal sin llevar antes a cabo una intensiva búsqueda de trabajo en él. Este es el caso de Raquel Montoya, que tras finalizar sus estudios se topó con que en España no había trabajo para gente sin experiencia. Según afirma, “todas las ofertas de trabajo que nos llegaban eran de fuera”.  Y si no fuera por la decisión que tomó de ponerse en contacto con una empresa encargada de enseñarles el idioma y posteriormente asegurarles un contrato, no podría decir que a sus 23 años lleva 17 meses trabajando como enfermera.
Raquel reconoce haber optado por Alemania por el gran número de facilidades que le ofrecían. “Me ofrecieron el curso de Alemán gratis, el alojamiento y un sueldo que no estaba mal, además el nivel de vida era algo más barato que en Inglaterra. Te dan muchas facilidades porque necesitan urgentemente enfermeros”, añade.
Actualmente, Alemania se encuentra en el punto de mira debido a que diversas empresas difundieron contratos falsos cuyas condiciones reales distaban mucho de la realidad. Esto ha provocado la indignación del resto de empresas y del amplio colectivo de abogados españoles que ejercen en Alemania y califican la situación de “vergonzosa”. Raquel apunta que “si tu empresa no cumple las condiciones pactadas siempre puedes marcharte libremente y firmar un nuevo contrato con otra, aquí es muy fácil conseguir nuevos empleos”. Y es que, ella comenzó trabajando en una residencia donde cada vez le exigían más horas y las condiciones laborales iban empeorando con el tiempo. Por este motivo decidió abandonar la residencia y comenzar a trabajar una empresa de cuidados intensivos a domicilio en la que dice llevar un estilo de vida mucho más relajado. “No creo que la situación en España cambie hasta dentro de mucho tiempo y no quiero vivir con incertidumbre. No quiero sobrevivir, quiero vivir”, concluye.
“No quiero sobrevivir, quiero vivir”
Sin embargo, no sólo son valientes los que optan por emigrar al extranjero, también lo son todos los jóvenes que día a día luchan por hacerse un hueco en la sanidad de su país y por poder ejercer su profesión de una manera digna y estable.  
Jose Varela, de 24 años, no ha dejado de perseguir sus sueños ni un solo día desde que pasó a formar parte del mercado laboral español. Tras realizar más de 11 cursos en un solo verano, trabajar como barman para costearse su formación, obtener un máster y ejercer de enfermero en sustituciones y vacaciones, se intenta abrir hueco como docente en la universidad de Almería. “Quedarme en España es sinónimo de incertidumbre”, señala. “En febrero, cuando planeaba matricularme en un nuevo máster me dieron la oportunidad de trabajar como profesor interino y me quedé en estado de shock”, añade.  Su meta es conseguir una plaza fija como docente mientras ejerce la enfermería asistencial y piensa poner en juego todas sus fichas para alcanzarla. “Veo un futuro lleno de esfuerzo y trabajo, ahora tengo mucho más optimismo que hace tres años y afronto la posibilidad de no tener que marcharme lejos de mis seres queridos”.
Muchos enfermeros se van y muchos otros se quedan.  Sin embargo, no son ellos los únicos perjudicados por esta situación. Y es que, los ciudadanos carecerán de la asistencia de inigualables profesionales hijos de una de las mejores enfermerías del mundo: la española.